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lunes, 17 de julio de 2017

Balancearse con el esfuerzo ajeno.-

Cuando se trata de embaucar al currante hay que pensar con una propuesta ilusionante o por lo menos atractiva que despierte el interés con entusiasmo suficiente como para deslumbrar y a ser posible, también ocultar la realidad de las verdaderas virtudes presentadas que generalmente nunca alcanzan las excelencias prometidas o imaginadas.
De la cultura de nulo esfuerzo, gozamos de un estado de bienestar consecuencia de la herencia de los sacrificios de nuestros predecesores y confiamos obtener un alto valor añadido con solo incrementar el precio en la venta, sin aportar por nuestra parte el justificativo empeño de lo adquirido a bajo precio, porque solo nosotros nos consideramos merecedores de la tenencia y disfrute de todos los caramelos.
Las propuestas rimbombantes de transferencia científica, tecnológica e innovación, tienen poco recorrido en un mundo con incesante cambio legislativo en el que el cumplimiento del ordenamiento legal exige incremento de unidades en el sector servicios y nunca en el de producción, hasta el extremo que quienes apechugan, no pueden mantenerlas.

domingo, 13 de mayo de 2012

Quebrar el valor del bienestar social.-

El gran deterioro sembrado por el mundo de pérdida de confianza, engaño, traición, injusticia entre las personas, destruye progresivamente la sociedad edificada sobre principios éticos irrenunciables de respeto, honestidad, sinceridad, acogida de toda vida social y socava la credulidad entre sus miembros quebrando las virtudes de la caridad y la cortesía.
Faltar a la veracidad, es una verdadera violencia hacia el prójimo por atentar ante la capacidad de conocer, condición de todo juicio o de cualquier decisión y propicia la división de los espíritus desde el falso sentido de conservación, para ocultar un estado o situación, evitar un castigo o incluso para no perder la buena imagen.
Un Gobierno acogedor, subvencionador, ayudador o nacionalizador, se posiciona junto al egoísmo corrosivo y miserable, frente al amor a la ciudadanía, hiere por la espalda a quienes con su callado trabajo diario construyen la Patria, la confianza depositada se esfuma como bruma ante el Sol y germina en los corazones del pueblo la pena profunda hacia quien creían bueno, viendo como engaña, miente y traiciona.

domingo, 22 de abril de 2012

Las bien aceptadas ayudas sociales.-

Hace unos años cuando perdimos la brújula y mientras recibíamos ayudas del fondo europeo para alcanzar el nivel de bienestar del resto de los ciudadanos comunitarios, todas las Instituciones Gubernamentales funcionaban de maravilla. Con escasos ingresos contributivos de los propios españoles, fuimos capaces de crecer por encima de nuestras posibilidades y del sobrante, recibir ayudas económicas.
Sin darnos cuenta, pasamos de tener un Estado al que sus ciudadanos aportaban reducidos ingresos por vía impositiva, a disfrutar de un gobierno gallina de huevos de oro al que se le podían pedir toda clase de ayudas y subvenciones para el desarrollo de cualquiera de nuestras iniciativas.
Pero como el dinero vale dinero, aquel dinero muy bien recibido en su tiempo, ahora hay que devolverlo con sus correspondientes intereses a quienes con su esfuerzo y sacrificio, además de ganarlo, supieron ahorrarlo, por lo que lamentablemente, a falta de ingresos suficientes, solo queda como medida correctora, el recortar los gastos.

sábado, 21 de abril de 2012

El justiprecio del valor de lo gratuito.-

Cuando recibimos regalos de forma continuada, tendemos a menospreciarlos y con el paso del tiempo, a no tener consideración alguna hacia la voluntad de quienes nos los obsequian, al entender por cotidianidad, como una obligación hacia nuestra persona de un derecho adquirido por nuestra valía.
Pocas personas se paran a pensar por un instante que el regalo tiene un valor, tanto de tiempo como de dinero para quien lo realiza y hartos de no recibir calurosas aprobaciones o/y viendo confundir el uso por el abuso, se acaba por perder el encanto.
Con el estado del bienestar y por nuestro egoísmo manifiesto, pensamos en cargar el importe de su valor a las generaciones venideras y tal ha sido el nivel de despilfarro en tan corto espacio de años que ahora somos nosotros mismos quienes debemos pagar y con intereses por seguir estando vivos.

martes, 17 de enero de 2012

El bienestar del aumento de la deuda.-

Aunque mi memoria histórica anda un tanto confundida, tan solo hace unos años las entidades bancarias ofrecían unos intereses más elevados que los rendimientos de las actividades económicas por lo que solo las personas pillinas aprovecharon para transformar su patrimonio en dinero y obtener mejores rendimientos que quienes se esforzaban por trabajar.
Debiose constipar la gallina de los huevos de oro porque en un tiempo muy corto, el negocio de la ociosidad dejó de ser lucrativo pero como aún habían pocos espabilados y muchos currantes, las cabezas pensantes decidieron tomar el camino de la especulación. Los usureros florecieron a sus anchas y todos presumían de hacer negocios e inversiones con dinero ajeno o prestado.
Pero el dinero también vale dinero y la deuda se ha incrementado hasta niveles impensables o imaginables y de desaconsejable superación, por lo que de momento disfrutamos de un supuesto bienestar ficticio que solo es imagen o fachada ya que detrás arrastramos el tren de los débitos sin que nadie decida pensar en empezar pagar.